martes, 8 de julio de 2014

Te va a pasar


Tenía siete años recién cumplidos cuando la selección nacional de fútbol salía campeón mundial. México 86 está entre mis primeros recuerdos. Ni siquiera supe si algo más pasó en ese año, en los próximos que le siguieron.
Recuerdo a mi viejo poner la radio arriba del televisor, al cual le quitábamos el sonido: de la radio es más lindo, me decía. Tengo flashes de todo eso, ni siquiera recuerdo los primeros partidos. Puedo verlos correr al Burru, al Vasco, a Valdano, al Diego, al narigón agarrarse la cabeza y después acomodarse el pelo. El gol con la mano, el mejor gol de todos después del pase de Enrique, el gol de cabeza del Tata. 
Después los festejos, y me recuerdo directamente en las calles de Reconquista, por Habegger o Patricio Diez, o ambas, caravanas interminables, casi infinitas. La gente saliendo a las calles, llorando, riendo, agitando cualquier cosa con los colores nacionales.
La mayoría conoce esa algarabía del festejo, la emoción, ver a su club salir campeón, ya sea del barrio o de primera A, del equipo de voley o de basquet o algún que otro logro individual y/o personal.
Yo festejé uno de los dos campeonatos mundiales de fútbol, y estuve al borde de un tercero. No hay comparación con nada, que el deporte más popular de tu país te haga sentir “eso”...
Esto es fútbol, y no te va a pasar nada si la selección se queda sin nafta llegando al final, pero sí te va a pasar todo si llega, y por encima, y por más que ni hayas prendido la tele en este último mes, por más que te hayas mufado, por más que te parezca estúpido ver correr a unos tipos detrás de una pelota, te va a pasar, te va a pasar porque no vas a poder obviar ver a alguien tan feliz, aunque sea por eso, aunque sea por un rato, por un tiempo. Acaso, la felicidad ¿no dura sólo eso?


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