martes, 15 de julio de 2014

Medio flojo


Madre me dice que el mate está medio flojo, y no por feo, por flojo. Cuando por la bombilla el flujo de infusión es demasiado ligero, a la boca llega demasiada contundencia, y qué decir si el agua tiene unos grados de más. Por lo visto, y no es algo que me agobie, tomo el mate medio flojo. Lo cierto es que cuando ella ceba la infusión llega a mi boca como encorcetada, como si no quisiera llegar o no quisiera irse, llega, en todo caso, como un abrazo a la temperatura justa.


lunes, 14 de julio de 2014

París


Junto al Sena, miles de personas aseguran su amor con candado tirando la llave al río. Acá, junto a este arroyo que aveces desborda y otras veces es un hilo, tiro cascotes haciendo sapito. No hago promesas, en soledad escucho el repique en el agua, miro al objeto hundirse sin más.




martes, 8 de julio de 2014

Te va a pasar


Tenía siete años recién cumplidos cuando la selección nacional de fútbol salía campeón mundial. México 86 está entre mis primeros recuerdos. Ni siquiera supe si algo más pasó en ese año, en los próximos que le siguieron.
Recuerdo a mi viejo poner la radio arriba del televisor, al cual le quitábamos el sonido: de la radio es más lindo, me decía. Tengo flashes de todo eso, ni siquiera recuerdo los primeros partidos. Puedo verlos correr al Burru, al Vasco, a Valdano, al Diego, al narigón agarrarse la cabeza y después acomodarse el pelo. El gol con la mano, el mejor gol de todos después del pase de Enrique, el gol de cabeza del Tata. 
Después los festejos, y me recuerdo directamente en las calles de Reconquista, por Habegger o Patricio Diez, o ambas, caravanas interminables, casi infinitas. La gente saliendo a las calles, llorando, riendo, agitando cualquier cosa con los colores nacionales.
La mayoría conoce esa algarabía del festejo, la emoción, ver a su club salir campeón, ya sea del barrio o de primera A, del equipo de voley o de basquet o algún que otro logro individual y/o personal.
Yo festejé uno de los dos campeonatos mundiales de fútbol, y estuve al borde de un tercero. No hay comparación con nada, que el deporte más popular de tu país te haga sentir “eso”...
Esto es fútbol, y no te va a pasar nada si la selección se queda sin nafta llegando al final, pero sí te va a pasar todo si llega, y por encima, y por más que ni hayas prendido la tele en este último mes, por más que te hayas mufado, por más que te parezca estúpido ver correr a unos tipos detrás de una pelota, te va a pasar, te va a pasar porque no vas a poder obviar ver a alguien tan feliz, aunque sea por eso, aunque sea por un rato, por un tiempo. Acaso, la felicidad ¿no dura sólo eso?


jueves, 3 de julio de 2014

Poesía Argentina: Reseña que escribí sobre el Fe.Li.Sa.



Entre los días 5 y 7 de junio de 2014 se realizó el primer Festival de Literatura de Santa Fe (Felisa), bajo la consigna "Intercambio y festejo literarios, pensando en un litoral amplio más allá de las orillas". El encuentro, cuyo cronograma, actividades, invitados y repercusiones puede consultarse en la página de la red social y en el blog del Festival, estuvo organizado por un colectivo reunido en torno a la librería Palabras Andantes y contó con la colaboración del Centro Experimental del Color y el Espacio Cultural Ochava Roma. Los escritores Federico Coutaz, María Mercedes Bisordi y el librero Luis A. Escobar fueron los coordinadores generales del evento. Presentamos una crónica de los hechos, acompañada de enlaces referidos al Festival.

Por Diego Planisich.

Dice Zelarayán en su “Posfacio con deudas”, en La obsesión del espacio: “No sé cómo empezar pero empiezo nomás”. Y si de deudas hablamos, si es que se puede decir de una, se presentó por primera vez el Festival de Literatura de Santa Fe, el “Fe.Li.Sa.” –para los amigos–, un evento que trató a la literatura como de entre casa, lejos de los enfoques duros y académicos, mucho más cerca del lector, de aquel que bucea en las librerías, en las bibliotecas, de aquel que se mancha los dedos en una mesa de saldo o termina con los ojos colorados leyendo de un monitor. 
Escritores, poetas, músicos, organizadores y asistentes anduvimos durante tres días sumergidos en un ambiente totalmente amistoso, donde algunos se prendieron en las mañanas con Iosi Havilio y Amalia Boselli (Buenos Aires), en el “Taller de composición literaria: Una escritura musical”, y otros con el poeta y editor Gervasio Monchietti (Rosario) en el “Taller de encuadernación de libros para adultos”. Durante las tardes nos volvíamos a cruzar en las Mesas de Intercambio, cada una de las cuales arrancó con una lectura de apertura, seguida de las disertaciones, coordinador mediante.
De cada una de las mesas todos nos llevamos un recuerdo. Al menos así lo creo. Personalmente, no puedo dejar de mencionar una de las que más me gustó: “La música y la palabra: lenguajes cruzados”, coordinada por Luciano Lazzarini (Santa Fe), en la que el poeta Santiago Pontoni (Santa Fe) no hizo una “lectura de apertura” como indicaba el programa: fiel a un estilo propio, se paró ante todos y recitó. Después, en cuanto a los disertantes, siguió con Poca De Feo (Santa Fe) y su particular arranque, cuando todos fuimos parte de una puesta en escena que simplemente terminó en aplausos. Y qué decir del Tavo Angelini (Santa Fe), la voz por excelencia del rock santafesino, si el tipo cuando tuvo que hablar cantó; comenzó su disertación cantando a capela, despertándonos ese frío en la espalda que cada tanto nos recorre cuando nos emocionamos. La mesa también la compartieron el escritor Iosi Havilio y los poetas y músicos Rosario Bléfari (Buenos Aires) y Pablo Natale (Córdoba), este último proveniente de los mágicos Bosques de Groenlandia. 
FELISA: Primer Festival de Literatura de Santa Fe.Cabeza a cabeza con la anterior, se hallará en mi memoria a lo largo del tiempo la mesa “Literatura del Litoral: más allá de las orillas”. En esta, la lectura de apertura la realizó Selva Almada (Buenos Aires), quien nos hizo disfrutar un fragmento de su última novela. 
Claro está que no fue este un festival de literatura local, de la provincia, como su nombre podría hacer pensar. Cada uno de los disertantes nos llevó a pasear por distintas geografías, ya fuese a sus lugares de escritura como a los propios fundamentos que nos hacen reconocer la literatura de un lugar. Los escritores José Gabriel Ceballos (Corrientes), Federico Ferrogiaro (Rosario), Mariano Quirós (Chaco), Rafael Arce (Santa Fe) y Fernando Callero (Santo Tomé, Santa Fe), este último reconocido poeta nacido en Entre Ríos, intercambiaron opiniones e ideas, dejándonos en el aire una cadencia litoraleña difícil de olvidar.
Las demás mesas, no menos importantes, como “Literatura, edición y circulación”, “Otras escrituras: Los recobrados”, “Ficción/No ficción: Territorios en conflicto” y “Teatro y Literatura: Escribir teatro”, estuvieron llenas de idas y vueltas, de opiniones encontradas y diferencias que no hicieron más que aportar satisfactoriamente a cada una de las discusiones, a los intercambios, a los ejes establecidos desde la organización para que todos, cada uno de los presentes, pudiéramos llevarnos, antes que respuestas a preguntas, interrogantes que van “más allá de las orillas”, como decía parte del eslogan oficial.
Los recitales literarios y musicales merecen un párrafo aparte, y no por el sólo hecho de que el tenor que nos infunde la noche es distinto, sino porque las emociones esta vez (acaso por esto último) se mostraron totalmente desnudas, dieron vueltas por el lugar como una nube gorda y puta, cargada de agua y luz. Fueron tres noches en que los poetas leyeron, recitaron, lloraron y cantaron. Tuve el placer de leer en la primera de ellas, compartir con poetas que admiro un lugar que creía sería extraño, solitario, ahí delante de todos, con unos cuantos poemas y un micrófono en la mano; pero no, el CC Ochava Roma estaba lleno de gente amiga, gente que se reunió por la música y la poesía, por los amigos, por los grandes, los viejos y los nuevos. Poetas de la ciudad de Santa Fe, de Rosario, de Córdoba, de Corrientes, de Buenos Aires y del norte santafesino (Avellaneda) pasaron por las tres noches del Fe.Li.Sa: ni el jueves, ni el viernes, ni el sábado se tomaron respiro, todos estaban ahí. Quisiera detenerme en cada uno de los poetas y músicos que participaron de estas primeras tres inolvidables noches, pero necesitaría demasiado tiempo para decir: cada poeta y cada músico llevó consigo varios mundos posibles, y no se podría hablar de ellos sin también hablar de esos mundos. Lo cierto es que todos dejaron su marca en la piedra fundamental del primer Festival de Literatura de Santa Fe. La poesía esta más viva que nunca, y eso quedó demostrado, más allá de los géneros y generaciones, gustos y geografías.




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*Nota editada por  Poesía Argentina