Él creyó en un día más; nadie se daría cuenta. Supo
entender, cavilante, que todas las oportunidades que dejó escapar, hoy, como si
despertase de un mal sueño, otra vez las tenía puertas por delante. También
supo en ese mismo instante –como si alguien se lo soplara al oído- que ésta
sería la última de las oportunidades.
Se convenció de que tardaría una eternidad en explicar lo
sucedido. Cada noche, hasta ese día, observó el libro cubierto de polvo, allí
en el estante de la biblioteca. Explicar –decía- sería perder el tiempo de
todos. Nadie le creería, todos abogarían por su abolición. Dentro del libro, la
mancha de café sabía que su vida no había sido en vano.
DP
1 Comentarios y demás yerbas:
tan cierto eso de que la mayoria de las veces intentar explicarle cosas a los demas es perder el tiempo. No entienden, no creen, no comparten, mejor no decir nada.
Publicar un comentario